El 11 de octubre, día dedicado a honrar a la mujer, un momento propicio para reflexionar sobre la energía femenina en el mundo actual. En una sociedad dominada por el materialismo y la desconexión emocional, la energía femenina, fuente de creación, intuición y conexión con la vida, se ve desvalorizada y en declive. Este desequilibrio no solo afecta a las mujeres, sino también al colectivo humano y a la propia Madre Tierra, nuestra Pachamama, que sufre la falta de armonía y respeto.
La energía femenina, vinculada al agua, a la luna y a los ciclos de la naturaleza, representa la fluidez, la creatividad y la capacidad de nutrir. No es simplemente una característica asociada a las mujeres, sino una energía universal que cada ser humano posee, aunque en nuestra sociedad patriarcal se haya relegado. El dominio de lo masculino —la lógica, el control, la acción— ha dado lugar a una desconexión con las emociones, la intuición y el poder transformador del cuidado, la colaboración y la creatividad.
Este desequilibrio también se refleja en la crisis ecológica y en la explotación desmedida de los recursos naturales. La Pachamama, símbolo supremo de la energía femenina, está sufriendo por la forma en que nos relacionamos con el mundo: una relación de dominación, extracción y consumo, en lugar de una de respeto, cuidado y regeneración. En esta lucha, la misión de cada mujer es fundamental: somos las portadoras de la chispa del despertar. Nuestra conexión innata con lo cíclico, lo emocional y lo sagrado nos convierte en guardianas de esta energía y en las portadoras de la semilla del cambio.
En mi vida como artista de mandalas, la energía femenina es mi fuente vital. Vivo rodeada de creatividad, y a través de los colores y el crecimiento personal, he experimentado un despertar gradual de mis talentos y mi intuición. Antes, como arquitecta, mi enfoque era muy racional, orientada al control y a la lógica. Sin embargo, fue cuando permití que las emociones y la femineidad entraran en mi vida que comencé a reconectarme con mi esencia verdadera.
Este proceso me permitió no solo descubrir mis dones artísticos, sino también comprender mi misión: ayudar a los demás a través de mi arte y mi intuición. El arte de crear mandalas se convirtió en una práctica sagrada, donde cada color, cada forma y cada trazo son reflejos de mi conexión profunda con la energía femenina. Esta energía, que antes permanecía dormida, ahora fluye con libertad, nutriéndome y guiándome en mi propósito de vida.
A través del counseling y de esta reconexión con lo femenino, he aprendido a vivir en un equilibrio entre lo racional y lo intuitivo, reconociendo que ambos aspectos son esenciales. El despertar de mi creatividad fue un despertar de mi alma, y hoy soy consciente de que mi misión es inspirar a otros a encontrar su propio camino hacia la sanación y el autodescubrimiento.
Despertar la energía femenina en nosotras mismas es un acto revolucionario. Es un acto de sanar y reconectar con nuestra esencia profunda, con nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestras intuiciones. Es abrazar la vulnerabilidad como fuente de fuerza, y la creatividad como vehículo para transformar el mundo que nos rodea. Al reconectarnos con esta energía, no solo nos sanamos a nosotras mismas, sino que también sanamos nuestras relaciones, nuestras comunidades y la tierra misma.
Cada mujer que reconozca su poder interior y su capacidad de nutrir está contribuyendo a restablecer el equilibrio en un mundo fragmentado. Este es nuestro llamado desde CoCrea Bolivia : despertar la energía femenina.Recordemos que somos portadoras de una sabiduría ancestral. Que nuestra creatividad, nuestras emociones y nuestra intuición no son debilidades, sino las claves para el renacimiento de una nueva era. Una era donde la energía femenina pueda florecer y sanar, no solo a las mujeres, sino a todo ser viviente y a la Madre Tierra que nos sustenta.
Con cariño Andrea